Diario de viaje (I)

5 08 2012

2 de agosto

Inicio de partida. Salida hacia Estambul. Ubicados en el avión en una zona poblada por un numerosísimo grupo de kazajos, gloriosos compatriotas de Borat, aunque carentes de bigotes. Sobrevolamos los admirados territorios de Albania y Macedonia, que un día habremos de visitar.

Llegada al aeropuerto Ataturk para cambiar de avión. Después de ver carteles de Turkoglu y videos promocionales de Turkish Airlines protagonizados por Smalling, decidimos completar nuestra noche de pasión turca bebiendo dos Efes Pilsen. Recuerdos de Naumoski. Cerveza bien buena. Y más le valía ser buena porque nos cobraron 17,70 euros por las dos Efes.

3 de agosto

Embarque hacia Johannesburg. Tras intentar ver varias películas en turco, decidimos dormir. Llegada a Jozi. Taxi hasta Hotel Lamunu: 350 rands. Habitación linda. Comemos pollo a la brasa, debidamente picante, en Nando’s, al girar la esquina del hotel. Pero qué esquinas tiene Johannesburg! La Baltimore africana. Joooo… Jooooo! Si alguien silba la melodía de Omar Little, directamente nos damos por muertos. Pero es buena la sensación de pasear y sobrevivir a las esquinas de Jo’burg. Taxi hasta el Museo del Apartheid: 100 rands. El taxi arranca y se mete por un callejón, uno de esos que sólo existen en las películas de policías, esos mismos callejones que siempre acaban con un tiroteo y un reguero de sangre inundando el asfalto. A medio callejón nos tenemos que parar: un coche nos bloquea el paso. Alzamos la vista y tres tíos apoyados en la pared se nos quedan mirando fijamente. Creemos que nos han pillado. Hemos caído en la emboscada. Ahora todo será soltar la pasta, el móvil, la cámara y rezar para que todo quede aquí. Pero no, sólo son tres chavales fumando porros a escondidas y la casualidad de que nuestro honrado taxista quiso pillar un atajo.

Genial Museo del Apartheid. Duro, provocador, innovador, divulgativo y Mandela y más Mandela. Para acabar, taxi de vuelta, sin sobresaltos, y paseíto por el Nelson Mandela Bridge, con las magníficas vistas del skyline de la ciudad y el cementerio de trenes de la Park Station. Fin de día en el extraordinario bar del Hotel.

MPOLO MUCUNHA