Banda sonora para celemineos afrikieños (II)

4 11 2012

Porque en Johannesburg existe música más allá de Eddy Grant.

Tema: Mdlwembe

Grupo: Zola

País: Sudáfrica

 





El blues de la venus khoikhoi

29 04 2012

“I have come to wretch you away –
away from the poking eyes
of the man-made monster
who lives in the dark”

Diana Ferrus

Esta es la historia de Sarah Baartman. Nació a finales del siglo XVIII, en el año de la revolución. ¿Qué revolución? O mama, I’ll live in Paris someday! En su lejana tierra no existía ninguna revolución, a pesar de que sobrasen los motivos para iniciar una.

Eastern Cape. Sudáfrica. Este territorio es hoy un paraíso junto al Índico, el nombre de cuyas ciudades evoca el pasado colonial británico: Port Elizabeth, Aberdeen, East London, King William’s Town… Pero cuando Sarah vino al mundo eran los boers quienes dominaban el territorio khoisan. Los habitantes de este territorio se denominaban khoikhoi, aunque los boers preferían referirse a ellos de manera despectiva como hotentotes. La expresión procedía de la palabra neerlandesa hottentot, que significa tartamudo, y esa era la percepción que tenían los boers de la lengua que hablaban los khoikhoi. Por supuesto, nunca realizaron el más mínimo esfuerzo por entenderlos. Nelson Mandela, dos siglos más tarde, aprendió afrikáans para poder comunicarse con sus carceleros de Robben Island.

Pronto Sarah quedó huérfana. O death, you make me cold! Inmediatamente fue vendida al comerciante boer Pieter Willem Cesar, quien se la llevó a Cape Town, para hacer de niñera de su hermano. Niñera de profesión, esclava de condición. Pero su destino cambió en 1810. Un médico inglés llamado William Dunlop se encaprichó de Sarah, obsesionado por sus desbordantes nalgas, y logró persuadirla (comprarla) para que lo acompañase a Londres. Silver rain was falling down upon the dirty ground of London Town! La capital británica se estaba preparando para convertirse en la tenebrosa ciudad decimonónica de las novelas de Dickens y los asesinatos de Jack. Y Sarah, a quienes los boers conocían con el diminutivo de Saartjie, conoció pronto la sordidez de los tugurios londinenses. El médico que la arrancó de África se dedicó a exhibirla en los locales de Picadilly. Las nalgas de Sarah fascinaron a la sociedad londinense, que también descubrió con admiración otro detalle de su anatomía: los labios vaginales. Era común entre las africanas del sur, no sólo entre las mujeres khoikhoi, poseer unos labios vaginales extraordinariamente desarrollados, preparados para dar mayor placer sexual al hombre. Técnicamente, este efecto se conoce como sinus pudoris, aunque en la época era más común referirse despectivamente a ello como “delantal hotentote” o “cortina de la vergüenza”.

El espectáculo freak estaba servido y funcionó durante cuatro años, hasta que el público se cansó de ella. En 1814 fue vendida a un domador de fieras francés, que la trasladó a París. O mama, I’ll die in Paris someday! Su penosa exhibición como animal de feria prosiguió en tierras galas. Además, tuvo la desgracia terrible de despertar la curiosidad entre la sociedad científica parisina. El resultado no fue otro, por obra y gracia de un miembro de la Académie des Sciences, que formar parte de una exposición de rarezas botánicas y animales exóticos en el Jardin des Plantes. Pero también los franceses se cansarían rápidamente de la anatomía de Sarah. Demasiado rápido. Su cuerpo ya no servía más como atracción circense, ahora estaría expuesto al uso y abuso de los proxenetas. Prostituta de profesión, esclava de condición.

Tenía 26 años cuando su alma dijo basta. O Death, could you wait to call me another day! Una infección o la sífilis la condenaron a morir. Antes había sido la jaula, la vergüenza, la befa, el improperio.

Túmulo de Sarah Baartman en Hankey

Túmulo de Sarah Baartman en Hankey

Paradójicamente, la muerte podría haber resultado su salvación, de no haber sido porque la vida siguió urdiendo la implacable humillación contra su cuerpo, contra su memoria, contra su espíritu sin derecho al reposo. La eminente comunidad científica gala no podía desaprovechar la oportunidad. Hicieron un molde de yeso de su cuerpo, le arrancaron el esqueleto, pusieron su cerebro y sus genitales en sendos frascos en formol. Todo ello lo exhibieron con orgullo académico en el Museo de Historia Natural de la capital francesa. ¿Quién el cerebro? ¿Qué los genitales?

A mediados de los años 90 del siglo XX, el gobierno de Mandela inició los contactos con el estado galo para la reparación inmediata de la infamia y retirar los pedazos de lo que un día fue el cuerpo de Sarah del museo. Las negociaciones se prolongaron durante más de cinco años. Finalmente, en 2002 los restos de Sarah fueron trasladados a Cape Town, en un acto que contó con la multitudinaria participación del pueblo sudafricano. El día 9 de agosto de ese mismo año, en el día de la mujer sudafricana, Sarah Baartman fue enterrada en Hankey, en el área de su localidad natal cerca del Valle del Río Gamtoos. Había sido enterrada 187 años después de su muerte. O Death, my mother come to my bed! Durante el funeral, el entonces presidente sudafricano Thabo Mbeki dijo que Sarah representaba “la historia de la pérdida de nuestra antigua libertad… Esta es la historia de nuestra degradación al estatus de meros objetos que podían ser usados y poseídos por otros.”

MPOLO MUCUNHA





Negras nubes de abril

6 04 2012

“En abril, las lluvias nocturnas suelen dejar, al retirarse,

nubes negras que tapan los primeros resplandores del sol.”

Jean Hatzfeld

Hoy hace dieciocho años fue abatido por misiles un avión que se aproximaba al aeropuerto de Kigali. En él viajaban los presidentes de Burundi, Cyprien Ntaryamira, y de Ruanda, Juvénal Habyarimana. Ambos murieron. Esa fue la señal para dar inicio a uno de los episodios de enajenación colectiva más sanguinarios de la humanidad. Durante 100 días la vida desapareció en Ruanda. Sólo quedaron machetes, cadáveres, fantasmas.

Recuerdo la estupefacción que me producía ver las imágenes de interminables hileras de africanos (sí, entonces no eran más que unos pobres negros africanos) caminando interminablemente en el fondo de la pantalla del televisor. Lo he hablado con otros amigos de mi generación y coinciden en que aquélla fue una imagen que marcó nuestra adolescencia (junto a las de Sarajevo y otras más lejanas como la muerte de Ceaucescu). De alguna manera que no comprendíamos entonces nos conmocionó, de la misma manera que ahora nos siguen conmocionando los hechos de aquel mes de abril de 1994, de la misma manera que el mundo no se conmovió en su momento. Ruanda oculta tras negras nubes de abril.

Nos explicaron que todo se debió a un enfrentamiento étnico entre hutus y tutsis. Y todavía hoy los estudiosos, expertos en política internacional, analistas, periodistas e historiadores discuten sobre los motivos, los culpables, los hechos. No nos contaron entonces (y aún algunos no quieren contarlo ahora) que detrás de ese enfrentamiento étnico, de esa violencia tribal tan arraigada entre los africanos según las visiones neoconradianas y demás miopías colonialistas, se escondía un profundo entramado de intereses políticos, económicos y nacionalistas, una historia colonial enlodazada y un vergonzoso y culpable silencio por parte de los dirigentes más eminentes de la época en nuestro mundo occidental.

Hoy no me interesa todo eso. No quiero saber nada de las infamias y de los asesinatos. No me importa si llueve en Barcelona. Hoy sólo espero que el sol salga por Ruanda.

MPOLO MUCUNHA

P.S. Para conocer más sobre el genocidio de Ruanda, aquí van algunas recomendaciones bibliográficas y cinematográficas:

– Jean Hatzfeld, “Una temporada de machetes”. Este trabajo periodístico recoge los espeluznantes testimonios de un grupo de presos condenados por participar activamente en las matanzas. Es el segundo libro de una trilogía sobre el genocidio. En el primero, “La vida al desnudo. Relatos de los pantanos de Ruanda”, recoge los testimonios de los supervivientes. El libro que cierra la trilogía, “La estrategia de los antílopes”, narra el reencuentro de supervivientes y asesinos una década después del genocidio.

– Roméo Dallaire, “Shake Hands with the Devil: The Failure of Humanity in Rwanda”. Las memorias del Comandante de las Fuerzas de la Misión de la ONU en Ruanda (UNAMIR). Una voz autorizada para describir la agonía de aquellos días y las intrigas políticas que torpedearon cualquier tipo de iniciativa para frenar el genocidio.

– Alfonso Armada, “Cuadernos africanos”. En varios capítulos de este libro aparecen los artículos de este ex-corresponsal de El País, que llegó a Kigali el 10 de abril de 1994 y fue testigo directo de los primeros compases del genocidio. Hay en el libro relatos muy crudos de las matanzas, así como muchas reflexiones íntimas de su diario de aquellos días. Además, incluye artículos de sucesivas visitas posteriores que fue realizando al país.

– Philip Gourevitch, “Queremos informarle de que mañana seremos asesinados junto con nuestras familias”. El libro que quizá ofrezca una visión más completa del genocidio, ya que recoge testimonios de testigos y supervivientes con una profunda aproximación histórica.

– Ryszard Kapúscinski, “Ébano”. Este libro tan nombrado en este blog incluye un capítulo titulado “Conferencia sobre Ruanda”, donde el escritor polaco disecciona los orígenes y los turbios acontecimientos históricos que dieron lugar a los sucesos de 1994. Imprescindible para adquirir mayor contexto.

– John Carlin, “Heroica tierra cruel”. Esta obra, dedicada casi en su totalidad a Sudáfrica, contiene una serie de artículos que escribió Carlin sobre Ruanda, además de una entrevista a Paul Kagame realizada en 2001. Sobrecogedores algunos pasajes de la “Trilogía de Nyamata”.

– Sebastiao Salgado, “África”. Impresionante libro de fotografías en blanco y negro que contiene una buena parte dedicadas a Ruanda. Algunas, como la que ilustra esta entrada, son de paisajes y otras durísimas escenas de muerte. El fotógrafo brasileño también incluye imágenes de los campos de refugiados en la República Democrática del Congo.

“Hotel Rwanda”. La película más conocida sobre el tema, con un reparto de excepción (Don Cheadle, Joaquin Phoenix, Nick Nolte…) y que narra la historia de supervivencia real de Paul Rusesabagina, asistente de dirección del Hotel des Mille Collines en Kigali. Rusesabagina acogió a más de un millar de tutsis y hutus no radicales en el hotel para salvarlos de una muerte segura a manos de las milicias interahamwe. El film no deja en muchos momentos de ser un thriller con Ruanda como telón de fondo. Eso sí, es emotivo, tenso y crudo y muestra el genocidio sin necesidad de escenas de violencia explícitas.

“Disparando a perros”. Unos meses después de estrenarse Hotel Rwanda vio la luz esta producción inglesa que cuenta con un guión prácticamente idéntico al de la anterior película: una historia de salvación también real, en este caso protagonizada por el misionero croata Vjeko Curic (encarnado en la película por John Hurt). El principal atractivo del film es haber sido rodado en los mismos escenarios en que acontecieron los hechos. Pero si antes se ha visto Hotel Rwanda, uno no deja de tener la sensación de que está frente a un sucedáneo, una repetición de la misma historia.

“Fantasmas de Rwanda”. Este exhaustivo documental estadounidense muestra el genocidio e indaga en las causas y, sobre todo, en la implicación del mundo occidental a través de supervivientes, testigos y dirigentes internacionales (Boutros-Ghali, Kofi Annan, Madelaine Albraight, Roméo Dallaire…). Pongo un enlace de la primera parte con subtítulos en portugués. Las siguientes partes las podéis enlazar a continuación. Ojo, que contiene escenas muy duras.