25 de mayo: Día de África

25 05 2012

Para conmemorar el Día de África con todos los afrikieños esparcidos por el mundo, ahí va una propuesta de road movie por el continente para este verano 2012:

Para empezar hay que acercarse con gran placer hasta Cádiz, ineludible preludio de cualquier aventura, y asomarse al Estrecho de Gibraltar para ver, a ser posible equipado con unas buenas gafas, el lado de allá.

Tras hacer un Moussambani como es debido y llegar al lado no gaditano, seguir todo recto hacia el sur. Unirse a toda la humanidad congregada en la Plaza Jemma el Fna. Y ya de paso quedarse a cenar en el tenderete regentado por un tío obeso que se hace llamar voluntariamente Paquirrín.

Girar al noreste para deleitarse con las vistas panorámicas en Oran.

Acoplarse a una caravana de camellos para atravesar el Sáhara y arribar previsiblemente a Tombuctú.

Buscar las diferencias entre las edificaciones de nuestra parada anterior y la mezquita de Bobo Dioulasso en Burkina Fasso.

Hacer de gondolero en las reposadas aguas de la ciudad flotante de Ganvie, en Benín.

Encontrar a Emmanuel Amunike en la capital de Nigeria, Lagos.

Vivir una temporada con los dowayos cameruneses.

Adentrarse en el corazón de las tinieblas.

Remontar el río Congo y llegar hasta Kisangani.

Esperar que el sol salga por Ruanda.

Tras esquivar, por este orden, el lago Victoria, las estampidas de ñúes en las llanuras del Serengeti, el cráter del Ngorongoro y el monte Kilimajaro, evocar las epopeyas marineras por el Índico a la vera de la isla de Zanzíbar.

Tentar a los vértigos del diablo y darse un chapuzón en la Devil’s Pool de las Cataratas Victoria.

Declararse adepto de la pobreza clásica, sufridor profesional y kudurista irredento. Después, alquilar un Ford Impala del 74 y atravesar Angola de norte a sur. Abandonar el Impala, mediante cesárea o no, en el desierto de Namibe.

Buscar estatuas (¿Frankie Fredericks?) en Windhoek.

Lanzarse de cabeza al gran agujero de Kimberley.

Acompañar a Mswati III en el megalobolo anual suazilandés.

Hay que seguir, voy a seguir.

MPOLO MUCUNHA





Negras nubes de abril

6 04 2012

“En abril, las lluvias nocturnas suelen dejar, al retirarse,

nubes negras que tapan los primeros resplandores del sol.”

Jean Hatzfeld

Hoy hace dieciocho años fue abatido por misiles un avión que se aproximaba al aeropuerto de Kigali. En él viajaban los presidentes de Burundi, Cyprien Ntaryamira, y de Ruanda, Juvénal Habyarimana. Ambos murieron. Esa fue la señal para dar inicio a uno de los episodios de enajenación colectiva más sanguinarios de la humanidad. Durante 100 días la vida desapareció en Ruanda. Sólo quedaron machetes, cadáveres, fantasmas.

Recuerdo la estupefacción que me producía ver las imágenes de interminables hileras de africanos (sí, entonces no eran más que unos pobres negros africanos) caminando interminablemente en el fondo de la pantalla del televisor. Lo he hablado con otros amigos de mi generación y coinciden en que aquélla fue una imagen que marcó nuestra adolescencia (junto a las de Sarajevo y otras más lejanas como la muerte de Ceaucescu). De alguna manera que no comprendíamos entonces nos conmocionó, de la misma manera que ahora nos siguen conmocionando los hechos de aquel mes de abril de 1994, de la misma manera que el mundo no se conmovió en su momento. Ruanda oculta tras negras nubes de abril.

Nos explicaron que todo se debió a un enfrentamiento étnico entre hutus y tutsis. Y todavía hoy los estudiosos, expertos en política internacional, analistas, periodistas e historiadores discuten sobre los motivos, los culpables, los hechos. No nos contaron entonces (y aún algunos no quieren contarlo ahora) que detrás de ese enfrentamiento étnico, de esa violencia tribal tan arraigada entre los africanos según las visiones neoconradianas y demás miopías colonialistas, se escondía un profundo entramado de intereses políticos, económicos y nacionalistas, una historia colonial enlodazada y un vergonzoso y culpable silencio por parte de los dirigentes más eminentes de la época en nuestro mundo occidental.

Hoy no me interesa todo eso. No quiero saber nada de las infamias y de los asesinatos. No me importa si llueve en Barcelona. Hoy sólo espero que el sol salga por Ruanda.

MPOLO MUCUNHA

P.S. Para conocer más sobre el genocidio de Ruanda, aquí van algunas recomendaciones bibliográficas y cinematográficas:

– Jean Hatzfeld, “Una temporada de machetes”. Este trabajo periodístico recoge los espeluznantes testimonios de un grupo de presos condenados por participar activamente en las matanzas. Es el segundo libro de una trilogía sobre el genocidio. En el primero, “La vida al desnudo. Relatos de los pantanos de Ruanda”, recoge los testimonios de los supervivientes. El libro que cierra la trilogía, “La estrategia de los antílopes”, narra el reencuentro de supervivientes y asesinos una década después del genocidio.

– Roméo Dallaire, “Shake Hands with the Devil: The Failure of Humanity in Rwanda”. Las memorias del Comandante de las Fuerzas de la Misión de la ONU en Ruanda (UNAMIR). Una voz autorizada para describir la agonía de aquellos días y las intrigas políticas que torpedearon cualquier tipo de iniciativa para frenar el genocidio.

– Alfonso Armada, “Cuadernos africanos”. En varios capítulos de este libro aparecen los artículos de este ex-corresponsal de El País, que llegó a Kigali el 10 de abril de 1994 y fue testigo directo de los primeros compases del genocidio. Hay en el libro relatos muy crudos de las matanzas, así como muchas reflexiones íntimas de su diario de aquellos días. Además, incluye artículos de sucesivas visitas posteriores que fue realizando al país.

– Philip Gourevitch, “Queremos informarle de que mañana seremos asesinados junto con nuestras familias”. El libro que quizá ofrezca una visión más completa del genocidio, ya que recoge testimonios de testigos y supervivientes con una profunda aproximación histórica.

– Ryszard Kapúscinski, “Ébano”. Este libro tan nombrado en este blog incluye un capítulo titulado “Conferencia sobre Ruanda”, donde el escritor polaco disecciona los orígenes y los turbios acontecimientos históricos que dieron lugar a los sucesos de 1994. Imprescindible para adquirir mayor contexto.

– John Carlin, “Heroica tierra cruel”. Esta obra, dedicada casi en su totalidad a Sudáfrica, contiene una serie de artículos que escribió Carlin sobre Ruanda, además de una entrevista a Paul Kagame realizada en 2001. Sobrecogedores algunos pasajes de la “Trilogía de Nyamata”.

– Sebastiao Salgado, “África”. Impresionante libro de fotografías en blanco y negro que contiene una buena parte dedicadas a Ruanda. Algunas, como la que ilustra esta entrada, son de paisajes y otras durísimas escenas de muerte. El fotógrafo brasileño también incluye imágenes de los campos de refugiados en la República Democrática del Congo.

“Hotel Rwanda”. La película más conocida sobre el tema, con un reparto de excepción (Don Cheadle, Joaquin Phoenix, Nick Nolte…) y que narra la historia de supervivencia real de Paul Rusesabagina, asistente de dirección del Hotel des Mille Collines en Kigali. Rusesabagina acogió a más de un millar de tutsis y hutus no radicales en el hotel para salvarlos de una muerte segura a manos de las milicias interahamwe. El film no deja en muchos momentos de ser un thriller con Ruanda como telón de fondo. Eso sí, es emotivo, tenso y crudo y muestra el genocidio sin necesidad de escenas de violencia explícitas.

“Disparando a perros”. Unos meses después de estrenarse Hotel Rwanda vio la luz esta producción inglesa que cuenta con un guión prácticamente idéntico al de la anterior película: una historia de salvación también real, en este caso protagonizada por el misionero croata Vjeko Curic (encarnado en la película por John Hurt). El principal atractivo del film es haber sido rodado en los mismos escenarios en que acontecieron los hechos. Pero si antes se ha visto Hotel Rwanda, uno no deja de tener la sensación de que está frente a un sucedáneo, una repetición de la misma historia.

“Fantasmas de Rwanda”. Este exhaustivo documental estadounidense muestra el genocidio e indaga en las causas y, sobre todo, en la implicación del mundo occidental a través de supervivientes, testigos y dirigentes internacionales (Boutros-Ghali, Kofi Annan, Madelaine Albraight, Roméo Dallaire…). Pongo un enlace de la primera parte con subtítulos en portugués. Las siguientes partes las podéis enlazar a continuación. Ojo, que contiene escenas muy duras.